HAY QUE PONER LÍMITES

José María Contreras
Me preocupo bastante de la educación de mis hijos y he leído en bastantes sitios que la autoridad es muy importante a la hora de educar. Pero yo quiero saber cómo se gana en autoridad porque, en primer lugar, no sé si tengo, y en segundo, no sé cómo conseguirla y mantenerla. No le he dicho que mis hijos tienen dos y cuatro años. Muchas gracias por su contestación

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El tema que usted toca es un tema importante en la educación. A los hijos hay que ponerles límites y hay que decirles cosas que les van a molestar y exigirles que las cumplan. Lógicamente, para eso, hay que tener autoridad. Generalizando, se puede decir que hay dos formas de tener autoridad: una de ellas es porque lo digo yo, porque soy tu madre, por miedo al castigo o cosas por el estilo. Esta autoridad, aparte de que dura poco, lo que hace es que los niños, en la medida en que van siendo mayores, nos vayan contando cada vez menos cosas para evitar el castigo o la pena de sus padres. No sirve para nada a la hora de educar a largo plazo. Puede ser útil en un momento concreto, en el que quizá los hijos no tienen edad para entender una situación determinada y hay que actuar de esa manera, pero en general, ya le digo, no sirve para nada.

La que sirve es la autoridad en la cual uno es una referencia para los hijos. Ellos ven la personalidad de sus padres, saben por qué hacen las cosas y ven que son constantes en sus creencias y sus obras. Es decir, para tener autoridad ante los hijos, hay que tener unos valores. Tener una respuesta a la pregunta: ¿Yo qué valores tengo? ¿Yo para qué vivo?

Sin unos valores morales, es muy difícil educar; por tanto, lo primero que usted tiene que preguntarse es qué valores son los que mueven su vida. Una vez que esto lo tenga claro, procurar vivir de acuerdo con esos valores, cuando hace sol y cuando llueve, cuando las cosas van bien y cuando van menos bien. Si usted hace esto, tendrá personalidad y, por tanto, tendrá autoridad. Sabiendo que para educar en valores no hay que imponerlos, sino proponerlos. De esa forma ellos verán que su vida es coherente, y usted le propondrá el que vivan unos valores, algunas veces con su ejemplo y otras de palabra. Cuando son pequeños más veces de palabra, a medida que van creciendo más veces con el ejemplo. Proponiendo, no imponiendo. Respetando la libertad siempre, pero mostrando el ejemplo de su vida. Todo esto en medio de una alegría de fondo. Tenemos, nosotros los educadores, y especialmente los que somos padres, la obligación de hacer atractiva la virtud, y para eso vivirla con alegría. Así estará usted educando en valores con autoridad, y su influencia en la vida de sus hijos será efectiva y positiva. ¡Ánimo!

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