LA EDUCACIÓN AFECTIVO-SEXUAL DE NUESTRAS HIJAS: UN RETO APASIONANTE

Ana Otte
La educación afectivo-sexual debe conseguir varios objetivos: conocimiento claro de la sexualidad humana; aceptación de la propia sexualidad como fundamentalmente buena; y, debido respeto a la sexualidad como medio de realización personal, de comunicación interpersonal y transmisión de la vida.

La información sobre la sexualidad se debe proporcionar como algo bello y natural dentro de una educación para el amor. Esto incluye tanto la educación afectiva (educación de la voluntad, los sentimientos y emociones), como la educación sexual (responsabilidad, respeto al cuerpo y una adecuada relación con el otro sexo).

Primeros cambios

La adolescencia se corresponde con los cambios psicológicos y la pubertad con los somáticos y fisiológicos. Es muy importante preparar a nuestra hija mediante una información adecuada, antes de que ocurran éstos, explicándole que es un paso completamente natural para su deseado papel de madre. La relación de confianza debe instaurarse desde pequeños, ya que en la adolescencia resultará más difícil, pues entre los sentimientos nuevos aparece el de no querer dejar entrar a “extraños” en su intimidad.

En la mayoría de las niñas, el primer signo físico de la pubertad es el desarrollo mamario (alrededor de los 11 años), además de la vellosidad en pubis y axilas, los ovarios, útero, vagina, labios y clítoris aumentan de tamaño. Asimismo, se produce un aumento rápido de la talla corporal y aparece la primera menstruación. Esto significa que la niña ha ovulado por primera vez y ha empezado la maduración sexual. También se despierta en ella la feminidad y el interés general por los chicos. Entra en la fase del coqueteo y los ligues, y no tarda en dejar de ser parte de una pandilla para centrar su atracción en una persona concreta del sexo contrario.

Armonización de conflictos

La adolescente atraviesa una etapa difícil y conflictiva: debe armonizar los cambios orgánicos, que muchas veces no quiere aceptar (“no quiero hacerme mayor”), con la alteración afectiva, que produce la despedida del mundo infantil: el despego del núcleo familiar y la búsqueda de la propia personalidad con la tendencia a independizarse. Junto a estas manifestaciones se sitúan la timidez, desilusión al chocar con el mundo, depresión afectiva e irritabilidad. Hay una gran necesidad de cariño, de sentirse seguro, comprendido y ayudado. En este momento, los padres somos el modelo natural para los hijos; de nosotros aprenden lo que significa ser fiel a la familia, la capacidad de superar dificultades, el respeto mutuo, el servicio, etc.

Hablar con claridad sobre amor y sexo

Las relaciones familiares son primordiales: la proximidad entre padres e hijos, la presencia en el hogar y el sentirse apoyadas. Es el momento de hablar sobre el sexo y el amor de forma clara, abierta, sincera y sin nerviosismo; explicar los inconvenientes del embarazo en adolescentes y la importancia de demorar la actividad sexual. La formación en la castidad es inseparable del esfuerzo por cultivar otras virtudes como la templanza, la fortaleza, la generosidad, la prudencia, la renuncia y espera, el sacrificio y la entrega. Pero también debemos informarles sobre otros temas candentes como son la homosexualidad, las enfermedades de transmisión sexual, la reproducción asistida, la dignidad de la vida humana desde sus inicios, el aborto y la verdad sobre la píldora del día después.

Primeros amores

Cuando una chica sale con un chico, siempre tiene que pensar hasta dónde quiere llegar. Tenemos que explicarle que no debe llevar ropa provocadora, como minifaldas que apenas cubren unos muslos “hermosos”. En la discoteca, con el ritmo de la música, la poca luz, los movimientos, el roce de los cuerpos, el alcohol, se excitan (los chicos más que ellas); y, si finalmente se meten ingenuamente en un coche para charlar un rato, ya está el camino preparado para empezar el “juego”. Un acto sexual en estas condiciones se realiza de forma bastante miserable: tiene que ser rápido por el miedo de ser descubierto o interrumpido, y va acompañado por la angustia de un posible embarazo o un contagio. Ella piensa en qué diría su madre, él confía en que no va a pasar nada. Debemos aconsejarlas para que se vistan decentemente, ser cautas a la hora de beber, no subir al coche con nadie, no dejarse acompañar hasta al rellano oscuro de casa y no subir al piso del chico con la excusa de escuchar un poco de música. Así como no dejarse impresionar o chantajear por el chico con la excusa de que necesita “eso” y “sino cedes, no me quieres”. El que ama de verdad es capaz de respetar a la chica y no la abandona, al contrario, la querrá más. Y si no, no se la merece.

Dominar los impulsos sexuales es posible

Las adolescentes siente ansias de cariño y curiosidad, pero tienen que frenar continuamente sus expresiones corporales de cariño (por ejemplo, besarse largamente en la boca) para no encadenar reacciones que piden una entrega sexual. Les hemos enseñado que cuando hay relaciones sexuales es posible un embarazo, pero han oído hablar hasta la saciedad del sexo seguro.

Estas medidas, aparte de ser poco saludables y no tan seguras como les hacen creer, son moralmente reprobables por manipular el acto sexual y la fertilidad, y por ser algunos métodos potencialmente abortivos. Entonces recurren a toda clase de tocamientos sin penetración por miedo al embarazo. Al preguntarles si han tenido relaciones confiesan “que no del todo”. Sin embargo, no se trata simplemente de no quedarse embarazada, sino de vivir una sexualidad limpia y responsable: esto significa abstenerse de relaciones sexuales hasta que tengan la estabilidad que les permita fundar una familia y aceptar a los hijos que puedan nacer. Los padres debemos convencerlas de que el impulso sexual es dominable, a pesar de lo que nos venden los anuncios publicitarios; hay que enseñarles que el tener dominio de sí es una preparación estupenda para luego ser fiel en el matrimonio, y que la continencia sexual no es una represión sino una expectativa alegre, una renuncia temporal y voluntaria, que surge de un respeto mutuo, como prueba de amor.

Necesidad del conocimiento mutuo

La entrega sexual significa mucho para la mujer porque afecta a lo más hondo de su intimidad. Una chica no se acuesta simplemente por el placer, sino porque en el fondo sueña con el hombre de su vida para casarse. Por eso, cuando se rompe una relación, ella lo siente más que él porque ha dado algo de sí misma. En este sentido, es bueno que no se tome las relaciones sexuales a la ligera y que no se ate muy pronto a una persona: es muy probable que no se vaya a quedar con el primero que se cruce en su camino. Tiene toda la vida por delante para encontrar el “suyo”, el definitivo. El factor tiempo es muy importante: unos “novios” que se conocen desde los 15 años tienen demasiados años por delante hasta poder fundar un hogar. En estos años suelen cambiar de carácter, de intereses y es lógico que luego encuentren a otra persona que les guste más. Los jóvenes para casarse necesitan una madurez mínima, tanto fisiológica y psíquica. Además, los novios no son todavía esposos, por mucho que crean amarse; su compromiso no da derecho a actos que deben reservarse para el matrimonio. Un planteamiento muy difundido es el de querer conocerse sexualmente: probar si se acoplan el uno al otro. Esto es algo engañoso, ya que el conocimiento mutuo no se limita a la cama. Lo que sí hay que aprender son los gustos del otro, sus aficiones, ver cómo es su familia, sus amigos, cómo se comporta en situaciones adversas. Esto no se puede comprobar en unas semanas o meses de convivencia sin mayor compromiso, cuando existe la posibilidad de coger la puerta y decir adiós ante el primer contratiempo.

En definitiva, nuestras adolescen­tes se encuentran con una tarea dura, ya que deben armonizar la nueva configuración orgánica, sus nuevos impulsos sexuales y el ambiente, para conseguir una personalidad sana y definida. Por esto, debemos educar a los hijos para la vida, no para cualquier vida, sino para una vida feliz.

Ojo con las rebeldías

Los padres debemos supervisar su comportamiento, el uso de drogas y alcohol, el hábito de fumar y advertir de los peligros de citas con personas mayores que ellas; las chicas se sienten atraídas por la aparente “madurez” de chicos mayores y se rebelan hacia las advertencias de los padres. Si bien cuando una hija tiene buenas amigas tenemos la mitad de la batalla ganada, no debemos olvidar que viven en un entorno que les arremete mediante la publicidad, las series de televisión, las revistas, las letras de las canciones, etc. Hemos de estar al día y hablar con ellas de sus inquietudes, teniendo en cuenta que son imprudentes, inestables e impacientes. Por eso, en el fondo, les da seguridad que a veces les digamos que no. Necesitan sentir una mano fuerte y segura en su casa, aunque protesten.

“Soy la única que no lo ha hecho”

En las conversaciones con nuestra hija puede que nos asegure que todas sus amigas, excepto ella, han tenido relaciones. Debemos explicarle que más de la mitad de las chicas que las inician antes de los 16 años, consideran que deberían haber esperado más. Una chica suele ceder a las presiones del chico porque no quiere dar la impresión de ser anticuada, porque “todas lo hacen”. Pero éstas no caerían en semejante trampa si supieran que “no todas lo hacen” y que muchos hombres todavía aprecian la virginidad a la hora de elegir la madre de sus hijos. Una niña de 12 años ya puede tener un hijo, pero no está preparada mentalmente para cuidarlo y educarlo. Estas relaciones prematuras están condenadas casi siempre al fracaso, pues se tiene por amor lo que en realidad son unas vivencias sexuales basadas en actividades inmaduras.

Para pensar…

* Tenemos que procurar que nuestras hijas adquieran criterios para saber distinguir entre lo que está bien y lo que está mal.

* Los medios de comunicación ejercen una presión importante respecto al concepto de las relaciones sexuales entre los jóvenes. Los padres debemos competir con éstos y ofrecer modelos atractivos que contrarresten, actividades alternativas y ayudarles a seleccionar programas adecuados de cine, televisión, etc.

* En todas las cuestiones (salidas nocturnas, amigos, fiestas, televisión) siempre es más eficaz razonar que prohibir.

* EI desarrollo y carácter de cada hijo es distinto, por lo que la información sexual debe ser individualizada.

* Debemos hablar de sexo con delicadeza, claridad y naturalidad; evitar la sexofobia y enseñar el respeto hacia la vida y el misterio de la procreación.

* En la educación, no hay que confundir la naturalidad con la falta de pudor (como mostrarse desnudos ante los hijos). La educación del pudor es importante para que sepan defender la propia intimidad física y psicológica.

* Debemos contestar siempre a sus preguntas cuando nos las planteen, nunca posponer las respuestas.

…y actuar

Hay que buscar los momentos idóneos para hablar con nuestras hijas. Por ejemplo, cuando el resto de los hermanos se han acostado, entrar en su habitación y dedicarles un buen rato para que nos cuente sus cosas. La tranquilidad de la casa, la intimidad de la noche, la cercanía al estar las dos sentadas en su cama, etc., propician un clima de confianza que favorece conversaciones más profundas.

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