¿ES POSIBLE EL AMOR ETERNO?

Patricia Gómez
Es posible el amor eterno, como en “La princesa prometida”? ¿Existen en la vida real, igual que en el cine, o en la literatura, los amores que van más allá de la muerte?

Si echo una mirada a mi alrededor, mi primer impulso es pensar que el amor eterno pertenece al mundo mitológico, es una creación de los artistas. Algo hermoso, sí, pero irreal: matrimonios que fracasan, cambios de pareja, famosos “felices junto a su nuevo amor”… Y sin embargo, tengo la convicción profunda de que el amor verdadero existe, es más, es el único destino digno del ser humano. Cuando una pareja deja de serlo, suele decirse que se ha acabado el amor, y por tanto, “a otra cosa, mariposa”.

¿Por qué parece imposible un amor eterno? Posiblemente, por un reduccionismo frecuente en nuestros días: el amor es sentimiento. El amor, ciertamente, tiene que ver con el sentimiento: algunos momentos, como el del “flechazo”, tienen una fuerte carga sentimental, pero si no se evoluciona hacia otras formas de amor más racionales, y por tanto, más humanas -el hombre es un ser racional- ese amor está probablemente condenado a morir. Y es que el verdadero amor humano tiene que ver más con una elección que con un sentimiento

En un momento dado, una persona decide amar a otra y a partir de entonces serán sus distintas elecciones las que hagan crecer ese amor. El hombre es dueño de su destino, y su destino sin duda es amar. Además, la familia, difícil de sustituir en nuestra sociedad, tendrá un destino más que incierto si su fundamento es algo tan fluctuante como el sentimiento humano. El amor verdadero, por tanto, no es sentimiento: es una elección de la voluntad de la persona, que haciendo uso de su libertad, decide amar.

¿Y cómo es ese amor verdadero? ¿Qué requisitos tiene? Alguna vez se me ha pasado por la cabeza escribir un manual del verdadero amor. ¿La autoayuda está de moda! Se titularía algo así como “Manual de la persona felizmente casada”, pero, puestos a resumir, tal manual cabría en una tarjeta de visita: Hable usted quince minutos diariamente con su pareja, tenga todos los días un detalle sabiendo que no hacen falta grandes cosas y ríase al menos cinco minutos al día con ella (no de ella).

El primer requisito, naturalmente, es la comunicación, como expresa Mario Benedetti en una de sus poesías: “Mi táctica es mirarte / aprender como sos / quererte como sos / mi táctica es hablarte / y escucharte / construir con palabras / un puente indestructible”. El amor necesita cercanía, trato, intercambio: queremos contar nuestras cosas y escuchar a la persona amada. Lo suyo nos interesa, y lo nuestro a ella.

En segundo lugar, y siguiendo con Benedetti, “Nadie nunca te reemplaza / y las cosas más triviales / se vuelven fundamentales / porque estás llegando a casa…”. ¿Qué gran verdad! El amor, lo más grande en la vida del hombre, es amigo de los detalles, de las cosas pequeñas, y a menudo olvidarlo es causa de ruptura.

Por último, con frecuencia nos tomamos las cosas demasiado en serio: los defectos ajenos, las dificultades…; nos falta optimismo y espíritu positivo. Una broma, un comentario amable (no hablo de sarcasmos ni ironías) pueden facilitar la vida y hacer el día a día más llevadero.

¿A quién le gustaría que su historia de amor fuese eterna? A mí, desde luego. Por eso, a lo mejor le dedico un rato al manu

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